El once sin los once

20/06/2015

Copa América 2015 Vinotinto

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Venezuela se vio sometida a una prueba inesperada ante Perú en su segundo compromiso de la Copa América de Chile. La dinámica del fútbol abre constantemente la ventana del azar y la imprevisibilidad. Es parte de la naturaleza del juego. Así, después de media hora de control y dominio, la selección se vio afectada en su estructura por la expulsión de Fernando Amorebieta. Inferioridad numérica, incidencias en el posicionamiento, alteración del plan inicial y obligación de corregir la figura táctica con un cambio obligado. Todo ese viraje a partir de un gesto desafortunado que empuja a la activación de acciones de contingencia.

Los primeros 30 minutos mostraron a un equipo que supo llevar al rival a su terreno. Como ante Colombia, la Vinotinto se posicionó 30 metros por delante de su arquero, cerró líneas de pase y movió el bloque con criterio. Para atacar saltó franjas de presión con envíos largos para Rondón o Arango quienes, en una segunda acción, descargaban para los volantes de segunda línea. Así, cerca de sus delanteros, Guerra, Vargas y al tiempo Rincón o Seijas, aparecían para tomar los rebotes y posicionarse en terrero contrario. La selección creó un par de ocasiones partiendo de esta premisa ofensiva que, tal como su aceitado ejercicio defensivo, también mostró dominar muy bien. Horas de trabajo y entrenamiento que generaban una cosecha copiosa de automatismos y respuestas.

Sanvicente dibuja trazos del conjunto que quiere. Los define desde la elección de los nombres y aquello que les pide. Pero la obra acabada requiere de tiempo, ajustes, sincronías y respuestas que necesitan lapsos lógicos de maduración. A ese punto se llegará jugando y compitiendo, sometiendo y sometiéndose a episodios como el de Valparaíso que miden la capacidad competitiva.

La ausencia de réplicas para atacar en inferioridad numérica fue de los aspectos que entraron en el renglón del haber. El equipo buscó en largo a Rondón pero siempre en situaciones de desventaja. Para el delantero, que recibía marcado o mal posicionado, y para el colectivo que se desnortó por la minusvalía y no respondió a lo que el contexto pedía. En ese mismo escenario, los cambios no modificaron el estado de cosas.

Las fortalezas están claras: en fase defensiva, la selección tiene un caudal de recursos tácticos, de oficio y despliegue para asumir partidos ante rivales de alta envergadura. La herencia del ciclo Farías está ahí, por más escozor que cause admitirlo y separando el hecho de que el posicionamiento zonal se concibe más lejos de Baroja y el área propia que lo que venía siendo habitual. Las deudas también son diáfanas: la elaboración en posesión, transiciones o juego directo exige sesiones de entrenamiento que se irán sumando en el propio avance del proceso. Hay buenos intérpretes y múltiples variantes.

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De todos los seleccionados que llegaron a la Copa en medio de ciclos iniciáticos o poco maduros, Venezuela ha sido de las más estables y confiables aun sin haber dispuesto de choques de preparación desde el pasado mes de marzo. Algo que habla muy bien de la capacidad del cuerpo técnico para transmitir lo que quiere, convertirlo en prácticas que faciliten la asimilación conceptual y una profundidad táctica de los futbolistas para entender y ejecutar.

Brasil será el siguiente paso en este camino de evolución. La ausencia de Amorebieta, las características del rival y las propias necesidades podrían promover variantes de esquemas, nombres y juego. Conseguir una identidad no pasa por repetir un modelo. Los distintos registros, vinculados a las individualidades y a como estas se relacionan entre sí, irán definiendo un estilo que dará seguridad y respuestas a las múltiples preguntas que plantea un partido.

Todos quieren resultados. El país clama por un protagonismo que es hijo del fenómeno alumbrado hace casi 15 años. La perspectiva de jugarse la clasificación ante el equipo de Dunga no es vista como un imposible sino como la oportunidad de seguir reafirmando el crecimiento. El beneficio psicológico de los triunfos y la disposición a ver de igual a igual a oponentes de envergadura, son un legado del que también se beneficiará esta generación. Pero habrá que disputar el choque con perspectiva histórica y también de presente.

 

1 comentario

Una respuesta a “El once sin los once”

  1. l.granda dice:

    La mano de Chita se ve en cada palmo del terreno. Para mí, la tarea en la Copa está cumplida pero esta vez hay que ir al mundial. Páez – Farias – Chita, siempre ha sido para avanzar y no para corregir, por eso hoy día podemos ganar a cualquiera en América. Saludos.

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