Noel Sanvicente ya cuenta con una puesta en escena inaugural para exhibir. Un reclamo tangible de su propuesta. Los dos partidos jugados en Asia contra Corea y Japón dejaron los primeros elementos para evaluar su gestión. Pocos, es cierto, para emitir diagnósticos certeros, pero lo suficientemente claros para advertir caminos y tendencias. El técnico tiene un propósito definido, tiempo para darle forma, jugadores capaces para asimilarlo y liderazgo para convencer.
No será sencillo este nuevo escenario para quien intente aproximarse al análisis desde los hechos. La lectura del juego vivirá un nuevo episodio de reivindicación y habrá que posicionarse. La era Farías generó fracturas, como también ocurrió en el período Páez, aunque el tiempo se haya encargado de tamizar el recuerdo. El país asume con propiedad los asuntos vinculados a la selección, debate, mete baza en los foros y dicta sentencia, azuzado en buena medida por el discurso periodístico.
La Vinotinto que jugó en Corea y Japón, aun con los matices distintivos de cada encuentro, mostró aspectos en fase de desarrollo que se vinculan con Sanvicente y mucho de la impronta que dejó Farías. Normal después de un período extenso en la relación y de que la base de futbolistas convocados conformó el núcleo de la administración más reciente.
Las diferencias esenciales estuvieron en dos rubros: la elección de algunos nombres propios y la funcionalidad exigida en aspectos como la presión, la construcción ofensiva en posesión y transición, amén de ciertos detalles tácticos que requerirán un lapso lógico de afianzamiento. Apartando algunos lugares comunes, repetidos hasta la saciedad luego de estos ensayos (asuntos como la llamada “presión alta”, atributo que no mostró la selección), el balance permitió observar algunas de las consignas que constituyen el ideario de Chita. Del mismo modo, funcionamientos y esquemas que estos mismos jugadores ejecutaron en el pasado, no desdeñados por el DT entrante, cuyo mayor desafío estará en conseguir esa vuelta de tuerca que quedó como materia pendiente.
Pasos en firme
La gira asiática instaló la certeza de que Alejandro Guerra será una pieza esencial del estrenado ciclo. Su crecimiento y madurez le han otorgado el lugar que merece. La estadía en Medellín, abrazado por el conocimiento de un entrenador como Juan Carlos Osorio, coadyuvará a dar ese salto que el nivel internacional requiere. No hay un volante ofensivo en el país que reúna todas sus bondades: velocidad en conducción, giro desequilibrante para los dos perfiles, apoyo en transición, acertados recorridos defensivos, llegada al área y gol. Puede que el Lobo acabe siendo el Maestrico González de César Farías.
A Sanvicente le gustan cierto tipo de futbolistas. Como Guerra, formado bajo su ala cuando era el santo y seña del Caracas F.C., están Roberto Rosales, Alexander González o Josef Martínez. En el caso del lateral del Málaga, su aporte fue superlativo y lo será más en los próximos años. Su performance como mediocentro al lado de Tomás Rincón en el choque frente a Japón fue una reafirmación de sus inconmensurables capacidades, además de una variante no contemplada que aumentará la competencia en ese rol.
Mario Rondón mereció una nota a pie de página. Poco utilizado por Farías, fue de las notas más resaltantes que dejó la tournée. Desconocido para el gran público, el delantero del Nacional de Madeira dejó una ráfaga de excelentes noticias. Polivalente, habilidoso y con una actitud contagiosa, se ganó al seleccionador poniendo sobre la mesa un muestrario de buenas aptitudes. Jugó por fuera y por dentro, fue socio para los del medio, asistidor para sus compañeros de ataque y definidor en los dos compromisos. Su nombre será habitual en las próximas convocatorias hasta que él mismo decida lo contrario.
Mecanismos y proclamas
Desde el funcionamiento, las dos pruebas de septiembre mostraron distintas intenciones. La inicial, contra Corea, con un equipo que entregó la conducción a Edgar Jiménez y se posicionó con mucha gente en cancha rival, y la que se midió a Japón, con el bloque más cerca de su área en un ejercicio de defensa organizada que le dio más solidez. En el primer caso, con un 4-2-3-1 que escalonó la primera línea de mediocampistas e instaló a los laterales más allá de la línea central y, en el segundo, a partir de un 4-4-2 simétrico, con los volantes externos a la misma altura de los laterales y más juego por afuera.

Declaración de intenciones: Jiménez conduce. Rosales y Cichero posesionados en cancha rival. Siete hombres por delante de la línea del balón
Las salidas en largo, con Oswaldo Vizcarrondo como principal lanzador, fueron un recurso utilizado en los dos encuentros, si bien fue contra Japón cuando más se utilizó como mecanismo para saltar líneas de presión y generar juego en las bandas.

Vizcarrondo buscó en largo a Mario Rondón. La jugada derivó en desborde del delantero y centro para Salomón Rondón. Opción de gol contra Corea
El concepto presión, aplicado por la selección en distintos momentos con resultados positivos en la mayoría de los casos, fue un rasgo distintivo. Buena parte de las opciones de gol generadas nacieron de balones recuperados tras movimientos de pressing sobre el rival en diferentes sectores y momentos. Tapar la salida del rival por el centro y los costados, o los triángulos de presión en banda, fueron mecanismos llevados a cabo en ambos duelos. No fue una conducta constante y la altura en la que se implementó varió de Seúl a Yokohama, pero sí quedó constancia de que esta característica será una condición innegociable en los planteamientos de Sanvicente.
Las deudas defensivas en los dos partidos, flagrantes ante Corea y mejor gestionadas contra Japón, tuvieron que ver con la forma en que el equipo quedaba posicionado en las pérdidas. La mayoría de los goles sufridos llegaron a partir de transiciones defensivas que dejaban a la selección descompensada y que los rivales explotaron con eficacia. Cuando se está en estas fases de inicio, en las que no hay mecanismos automatizados, lo más visible en el balance de fallos es este aspecto del juego. Que no debe fragmentarse del funcionamiento como un todo, porque el mal posicionamiento defensivo deriva de una manera de atacar que también requiere de tiempos lógicos para madurar.
Sanvicente tendrá en octubre otro encuentro con sus hombres y estos con su manual de estilo, cuando una nueva fecha FIFA los vuelva a reunir. Será un buen momento para seguir integrando conceptos y evaluar, en la interpretación de los mismos, hacia dónde se dirige la Vinotinto.
