21/06/2015
Por Luis Revilla
En Mendoza le pregunté a Noel Sanvicente qué entrenador de la élite seguía con mayor atención. Respondió que todos, desde Guardiola a Mourinho: “Con ojos de entrenador se aprende de cualquier partido”.
Chita también mencionó a Simeone y con él se detuvo un momento. “Me gusta Simeone, estuve un rato con él”, contó. “Me gusta cómo te…presiona”, agregó, mientras hacía con sus manos como si quisiera explotar un globo. Lo de Simeone se le ha notado esta semana. Su naciente Vinotinto compite en buena medida a través de su solvente sistema defensivo, una estructura que parece inspirada en el Atlético Madrid.
La primera línea que todo ataque supera es la de los delanteros y Venezuela tiene a dos que hacen un buen trabajo para evitarlo. Rondón y Arango no buscan el robo de balón por defecto. No regalan su posición. Tapan las líneas de pase de los centrales y salen a presionar en expediciones protegidas recíprocamente. Cuando Rondón va contra el central de su lado, Arango defiende el pase a su espalda. Y viceversa:
Dentro de su ejercicio de paciencia defensiva, Venezuela muestra actitud y reflejos para presionar las imprudencias y recepciones de espaldas del rival:
Dos líneas de cuatro jugadores completan un bloque que se adapta a la posición del balón e invade el terreno a su alrededor. La máquina tiene un objetivo que consigue muchas veces: que el rival no gane ninguna espalda, que no salte ninguna línea. Los mediocampistas venezolanos son peones que reviven cuando es necesario. Retroceden, corriendo si toca. Saben que cualquier recepción interior tiene que ser extinguida.
Ese ímpetu del capitán de facto Rincón y su inspirado socio Seijas también resulta capital para clausurar la vía aérea. Son los espigados Vizcarrondo, Túñez y Amorebieta quienes ganan la mayoría de duelos aéreos pero los del medio barren enfáticamente la zona de rebote. Chita pone gente donde el balón cae.
Los rivales también pueden intentarlo por las bandas, pero ahí esperan huesos duros como Rosales y Amorebieta mientras Guerra y Vargas persiguen a los laterales. El resto del equipo, además, se estrecha contra el costado cuando el balón visita la zona. Si se pretende atacar la banda contraria, el bloque venezolano se desplaza de manera oportuna.
No es fácil desbordar a la Vinotinto.
Foto: Miguel Vallenilla.
